Científico busca la inmortalidad implantando células de su cerebro en un robot (por Manuel Cosío)

Posted by cassetteblog | August 1, 2012  |   No Comments

El científico estadounidense Ken Hayworth planea sacrificarse, para luego “revivir” implantando las células de su cerebro en un robot.
Según The Cronicle, Hayworth lleva años en su laboratorio tratando de acceder al secreto de la inmortalidad. Finalmente, a lo que ha llegado es: “vamos a tratar de mantener el cerebro, a dividirlo luego en partes, a simularlo en una computadora y a usarlo en el cuerpo de los robots. Será un equipo perfecto basado en el cerebro humano”.
Para estos fines, va a utilizar neuronas de su propio cerebro, y está listo a despedirse de este mundo por el bien de este experimento, lo que puede suponer una verdadera revolución científica. “Es mejor que volverse demasiado viejo o enfermo”, explicó el científico.
¿Pero quién es Ken Hayworth? Para darnos una idea sobre él y lo que ha logrado a partir de su “perseverancia”, en su historia se encuentra lo siguiente: Hayworth trabajaba en un Laboratorio de Jets de Propulsión en Pasadena, cuando un día cualquiera su vida cambió al leer un artículo de Ralph Merkle llamado “Análisis de Estructuras Neurales de Gran Escala” y tuvo una epifanía. La única manera de respaldar el contenido de la mente en un medio magnético es entender, primero, la circuitería del cerebro. Para hacer tal cosa, concluyó Hayworth, era necesario cortar láminas de cerebro lo suficientemente delgadas para exponer una capa única de neuronas al microscopio electrónico.
A partir de su idea, buscó en casi todas las universidades de los Estados Unidos quién estuviera interesado en apoyarlo, logrando sólo recibir críticas y descalificaciones por falta de financiamiento y experiencia.
Muchos años después, y gracias a su gran tenacidad, logro su sueño. Entró en la University of Southern California como ayudante en una investigación sicofísica. Una vez dentro, pudo dedicarle tiempo a su proyecto hasta que diseñó un prototipo, con el cual consiguió despertar el interés de un profesor de Harvard. Ayudado por este profesor, Hayworth finalmente construyó un nuevo prototipo, y lo presentaron postulando al McKnight Endowment Fund. Gracias a eso, ganaron 200.000 dólares de financiamiento, y se les abrieron las puertas del Center for Brain Science de la Universidad de Harvard, en donde construyeron el ATLUM (Automatic Tape-collecting Lathe Ultramicrotome).
Como su nombre lo sugiere, esta máquina lo que hace es automatizar el corte histológico de tejido cerebral y su recolección en una cinta. Para darnos una idea de lo titánico del trabajo realizado por ella; hace tiempo unos científicos se tardaron varios años en mapear a mano el cerebro de un gusano de 0.01mm cúbicos. Por lo que podrían imaginarse cuanto tardarían para hacer lo mismo con un cerebro humano.
Así es como después de todo lo anterior, el día de hoy Ken piensa en organizar una pequeña fiesta de despedida para sus amigos y familiares, la mayoría de los cuales no aprueba la idea de que sacrifique la vida, aunque sea en un experimento (como el mismo sostiene) tan importante para la humanidad.
Sin duda, más de uno cuestionará la salud mental Ken Hayworth. Sin embargo, más allá de que el experimento se logre, tenga éxito o no, podemos decir que Hayworth ya a planteado cosas muy interesantes. También ha pasado a la historia como el hombre que dedico 22 años de su carrera a causa de lo que le generó un paper que leyó en 1989, el cual nunca pudo sacar de su mente.
Por último, quedan en el aire varias preguntas entre existenciales y filosóficas que este trabajo apareja. El cerebro, la mente, los pensamientos ¿son lo que define el ser como una entidad completa? Con que sólo el cerebro o nuestros pensamientos pudieran ser “transferidos” a una máquina ¿eso ya significaría que nosotros como un “todo pleno” hemos sido “implantados” en un nuevo cuerpo? ¿No son cuerpo y pensamiento dos partes que unidas definen una entidad única e irrepetible? Sin una de esas partes ¿seríamos realmente nosotros, o sólo un fragmento, y por consiguiente, una entidad totalmente distinta?
Todas preguntas que vamos a poder contestar pronto, si Ken Hayworth cumple su objetivo.

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